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Caperucita roja

El otoño ha llegado (por fin) a Madrid.

El día de ayer fue nubloso (como dice mi amiga Ana, una mezcla entre NUBLADO y LLUVIOSO), el primer día verdaderamente otoñal de este año. Uno de esos días en los que las sufridoras de pelo ni liso ni rizado terminamos con pinta de leones. No hay escapatoria, la humedad lo envuelve todo y no sirve de nada pasar una hora secador en mano.

El caso es que ayer casi no vimos en sol, y la gente sacó automáticamente el uniforme invernal: pantalón negro, jersey negro, botas y abrigos negros. No falla, llega el frío y parece que al personal se le enfría también el ánimo. Algún que otro atrevido se arriesga con el gris... ¡¡Menudo exceso!!

Sin embargo aún queda una rebelde en la ciudad, una personita que se niega a vestir triste solo porque caigan cuatro gotas. Ente tanta oscuridad yo no me corté un pelo y me planté mi gabardina roja. ¿Quién dice que el otoño tenga que ser aburrido y que después de agosto hay que aparcar el color en el fondo del armario? No me resigno a contagiarme del ambiente triste: prefiero disfrazarme de caperucita y pasear entre los lobos, que es mil veces más divertido!

Entre tanta uniformidad, ayer me di cuenta de que soy diferente...

3 comentarios:

deRepente dijo...

Especial diría yo ^_^

TE QUIERO!!!

MariaG dijo...

Te echaba de menos :) ¡¡PENSABA QUE YA NO ME LEIAS!! :P
Muaks!

jazz dijo...

Diferente solo ??? Unica e irrepetible ¡¡¡¡¡ Besotes tq

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